Composición
Creación artística de una obra musical.
Qué significa
Composición designa la invención y elaboración de una obra musical, así como la obra misma. La palabra significa, por su origen, componer o poner junto: a partir de elementos individuales —sonidos, motivos, timbres, relaciones temporales— se ensambla un todo cuyas partes están relacionadas entre sí.
Uso musical
El modo de componer ha cambiado mucho a lo largo de la historia. En la polifonía de la Edad Media, la textura surgía voz por voz sobre una melodía dada; el Renacimiento desarrolló el procedimiento de la imitación, en el que todas las voces se forman a partir del mismo material; el Barroco trabajaba a partir del bajo y su cifrado; el Clasicismo vienés situó en el centro la elaboración de motivos y la construcción de grandes formas. En el siglo XX se añadieron procedimientos que organizan alturas, duraciones y timbres según órdenes fijados expresamente.
Permanece en común la unión de invención y oficio. Lo que sostiene una pieza rara vez es una ocurrencia aislada, sino el modo en que se despliega un material: mediante repetición, modificación, secuencia, inversión, contraste. La enseñanza de la composición —contrapunto, armonía, formas musicales— transmite estos procedimientos; no sustituye a la invención, pero la hace realizable.
Hay que distinguir la composición como obra fijada por escrito de la improvisación, en la que invención y ejecución coinciden. El límite es históricamente móvil: en muchas épocas la elaboración improvisada formaba parte natural de la interpretación de una obra anotada.
El concepto se remonta al latín componere, poner junto. Designa tanto el proceso de componer como el resultado, la obra. Desde el siglo XIX, la composición es una asignatura propia en los conservatorios superiores. Los límites con la improvisación, el arreglo y la adaptación son fluidos en muchos estilos.
Práctica interpretativa
Al trabajar una pieza, fíjate en de qué está hecha: ¿dónde vuelve el material, dónde cambia, dónde está el punto culminante? Quien lo reconoce frasea con más convicción y memoriza más deprisa. Y prueba de vez en cuando a variar tú mismo un pequeño motivo: nada explica mejor el trabajo compositivo que el propio intento.