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Ejercicios · Ritmo

Dictado rítmico

Escucha un patrón rítmico y golpéalo en la zona de tap.

Cómo trabajar con el entrenamiento rítmico

El módulo toca o muestra un ritmo que reproduces pulsando. Se evalúa la precisión temporal, no solo el orden. Los primeros niveles se quedan en negras y corcheas en compás de cuatro por cuatro; después llegan las semicorcheas, los puntillos, las síncopas y los compases irregulares.

Cuenta en voz alta. Un-y-dos-y-tres-y-cuatro-y, y con semicorcheas un-e-y-a. Contar en voz alta no es una muleta de principiante, sino la herramienta con la que también los profesionales aclaran pasajes difíciles. Quien cuenta mentalmente pierde casi siempre la referencia en cuanto aparece una síncopa.

Siente el pulso con el cuerpo. Marca los tiempos con el pie mientras la mano ejecuta el ritmo. Separar el pulso de la figura es la habilidad que de verdad se entrena aquí.

Pulso, compás y figuras

El ritmo presupone un pulso regular contra el que todo lo demás se recorta. El compás agrupa ese pulso: en cuatro por cuatro, cuatro negras forman una unidad, con el acento más fuerte en el primer tiempo y uno más débil en el tercero. En tres por cuatro, la agrupación de tres produce el carácter de vals.

Las figuras se definen de forma puramente proporcional. Una redonda dura lo mismo que dos blancas, cuatro negras, ocho corcheas o dieciséis semicorcheas. Un puntillo tras una nota la alarga la mitad de su valor, de modo que una negra con puntillo dura lo mismo que tres corcheas. Esas proporciones valen con independencia del tempo; el tempo solo determina cuántos segundos dura un pulso.

Una síncopa surge cuando un acento cae en una parte débil del compás y se mantiene por encima del tiempo siguiente. El pulso esperado se tambalea sin perderse, y esa tensión es lo que da su atractivo a estilos que van del ragtime al funk.

Desde la práctica

El ritmo se aprende mejor a través del lenguaje. Se asocian palabras a las figuras: «pe-ra» para dos corcheas, «man-da-ri-na» para cuatro semicorcheas, «man-za-na» para un tresillo. Los niños captan en minutos lo que por la vía de las fracciones cuesta semanas.

El metrónomo es imprescindible, pero hay que usarlo bien. En lugar de marcar todos los pulsos, se deja sonar solo en los tiempos uno y tres, o incluso solo en el primer tiempo de cada dos compases. Eso obliga a sostener el pulso uno mismo en vez de apoyarse en él.

Practica los pasajes difíciles bastante más despacio de lo que quieres tocarlos y sube en pasos pequeños. Un ritmo que no está limpio a 60 no mejora a 120, solo se nota menos.

Errores frecuentes

El error más habitual es acortar las notas largas. Blancas y redondas se cortan con impaciencia porque no pasa nada. Cuenta con especial atención en los valores largos; los silencios y las notas tenidas sostienen buena parte de la expresión musical.

El segundo error es acelerar en los pasajes fáciles y frenar en los difíciles. Ocurre casi de forma automática y apenas se percibe al tocar. Una grabación del propio estudio lo revela al instante.

El tercer error afecta a los silencios. Un silencio no es nada, es un lapso medido. Quien trata los silencios solo como ocasión para respirar pierde el compás. Cuenta los silencios igual que las notas, con un gesto mudo si hace falta.