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Armonía

Cadencia de amén

Cadencia plagal IV–I, típica al final de los corales.

Qué significa

La cadencia de amén es la fórmula conclusiva de la subdominante a la tónica, en la teoría de las funciones S–T (IV–I). Lleva ese nombre porque, tanto en el canto religioso protestante como en el católico, el «amén» añadido tras el final de un coral se canta por lo común precisamente sobre esos dos acordes — una sílaba por sonido. Es, pues, un caso particular de la cadencia plagal, denominado según su lugar litúrgico, no según una construcción propia.

En la partitura

Se reconoce por dos acordes conclusivos cuyos bajos guardan entre sí un paso de cuarta ascendente o de quinta descendente, sin que antes suene la dominante. Sobre el par conclusivo figura en el libro de coral casi siempre la sílaba de texto «a-mén», a menudo con calderón sobre el último acorde. En la notación por grados aparece simplemente IV–I; en la designación de las funciones, S–T. No es raro que todo el proceso vaya añadido: la conclusión propiamente dicha del coral ya se ha producido, y el amén se pospone como confirmación adicional.

Uso musical

El carácter sonoro distingue claramente la fórmula de la cadencia auténtica. Allí la sensible de la dominante conduce forzosamente a la fundamental, y la conclusión produce el efecto de estar orientada a una meta y cerrada. En la cadencia de amén falta esa sensible: la subdominante recae, por así decir, en la tónica, y el resultado suena suave, confirmatorio, sin descarga de tensión. Por eso se presta mal como única conclusión de un movimiento mayor y bien como añadido tras una meta ya alcanzada. Fuera de la música religiosa, la misma fórmula está extendida en el gospel, el soul y amplias zonas de la música popular, donde sirve con frecuencia como remate tranquilo de un estribillo.

Para deslindar: cadencia plagal es el concepto armónico general para toda fórmula S–T; cadencia de amén significa el mismo proceso en su contexto litúrgico con la sílaba de texto. De la semicadencia se distingue de raíz, porque esta queda abierta sobre la dominante, mientras que la cadencia de amén alcanza la tónica.

Práctica interpretativa

Retira dinámicamente el último acorde y deja el sonido de subdominante algo más ancho de lo que indica el valor de nota — la fórmula vive del recaer tranquilo, no del énfasis. En el órgano conviene no buscar una nueva registración para el amén, sino, en su caso, quitar un registro. En el coro cuida que la voz superior repose en el acorde final sobre la fundamental o la tercera; si conduce a la quinta, la conclusión queda inacabada.