Cadencia auténtica
Dominante a tónica; con la fundamental en el bajo y la tónica en la voz superior, la conclusión más fuerte.
Qué significa
La cadencia auténtica es la fórmula conclusiva de la dominante a la tónica, en la teoría de las funciones D–T (V–I), casi siempre con séptima como D7–T. Es la formación conclusiva más fuerte y unívoca de la música tonal, porque en ella la sensible se conduce a la fundamental y la tensión del tritono se resuelve.
Uso musical
Cuán fuerte actúa una cadencia auténtica depende de la disposición. Si ambos acordes figuran en estado fundamental y en el acorde final la fundamental reposa en la voz superior, se habla de la cadencia perfecta — produce un efecto definitivo y se emplea al final de los movimientos y las piezas. Si, en cambio, la tercera o la quinta reposa arriba, o uno de los acordes figura en inversión, la conclusión produce un efecto menos cerrado; se habla entonces de una cadencia auténtica imperfecta, que se presta a las conclusiones intermedias.
La conducción de las voces está fijada: el bajo salta de la fundamental de la dominante a la de la tónica, la sensible asciende a la fundamental, la séptima cae a la tercera. Con frecuencia a la conclusión le precede un acorde de cuarta y sexta cadencial, que retrasa la dominante.
Hay que deslindar la cadencia auténtica de tres fórmulas emparentadas. La cadencia plagal conduce de la subdominante a la tónica, sin sensible, y produce un efecto suave. La semicadencia termina sobre la dominante y queda abierta.
La cadencia auténtica es la fórmula conclusiva más importante de la tonalidad mayor-menor y determina el final de la inmensa mayoría de las piezas entre el Barroco y el Romanticismo. Su fuerza se basa en dos movimientos que actúan juntos: la caída de quinta en el bajo de la dominante a la tónica y la sensible de la voz superior, que tiende un semitono hacia arriba a la fundamental. Si falta uno de esos elementos, por ejemplo con la tercera en la voz superior o con inversiones, la conclusión se percibe como menos perfecta.
Práctica interpretativa
Da peso a la dominante y calma a la tónica — el efecto reside en la resolución, no en el volumen del acorde final. Conduce de manera audible la sensible y la séptima hacia sus destinos. Y al configurar distingue entre conclusiones perfectas e imperfectas: no toda conclusión debe sonar como el final.