Cacofonía
Sonido discordante, simultaneidad desagradable.
Qué significa
Cacofonía significa literalmente «mal sonido» y designa una simultaneidad de sonidos que se percibe como desagradable, tosca o desordenada. La palabra es un juicio de valor, no un dato técnico: dice algo sobre el efecto en el oyente, no sobre la construcción del sonido. Su contrario es lo eufónico, el buen sonido.
Uso musical
Históricamente, el término es corriente sobre todo como arma de combate: la música que contradecía los hábitos de escucha de una época era llamada así con regularidad por sus adversarios. Casi toda innovación estilística ha recibido este reproche, y en casi todos los casos la costumbre lo ha desmentido después. No es un hallazgo secundario, sino que muestra lo móvil que es la frontera entre buen y mal sonido.
Hay que distinguirla de la disonancia como concepto técnico: esta designa una simultaneidad que pide resolución y forma parte del acervo necesario de la música. Sin disonancia no habría tensión y, por tanto, tampoco distensión; no es un error, sino un medio. Del mismo modo, el clúster, un acorde de sonidos muy próximos entre sí, es un recurso sonoro empleado deliberadamente y no mera aspereza.
Cuando el término es objetivamente aplicable, suele referirse a algo distinto de la disonancia: una escritura desequilibrada, voces tapadas, entonación imprecisa, una disposición desfavorable; los sonidos de un acorde muy juntos en el registro grave suenan turbios, sea cual sea su composición.
El término sirve a menudo como juicio despectivo sobre música que se percibe como desordenada y, por eso, depende mucho del punto de vista del oyente. La crítica de la época ha calificado de cacofonía muchas obras que más tarde se consideraron importantes. En la composición, el desorden deliberado se emplea de vez en cuando para representar ruido, caos o sátira.
Práctica interpretativa
Si un sonido suena mal, comprueba primero la entonación, el registro y el equilibrio antes de culpar a la música: en la mayoría de los casos se debe a uno de estos tres puntos. No suavices las disonancias, sino déjalas oírse y resuélvelas con claridad. Y afronta con paciencia los sonidos desacostumbrados al estudiar; lo que en la primera pasada resulta áspero se ordena a menudo en la tercera.