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La séptima disminuida: una plataforma giratoria entre cuatro tonalidades

Cuatro notas a distancia de tercera menor dividen la octava en partes iguales. El acorde no tiene por ello una fundamental inequívoca y puede conducir a cuatro tonalidades distintas sin que cambie una sola nota.

Maik Krohm

Cuatro distancias iguales

El acorde de séptima disminuida consta de cuatro notas separadas por terceras menores: desde do, do, mi bemol, sol bemol y si doble bemol, que en la práctica suele escribirse la. Tres terceras menores de tres semitonos cada una suman nueve semitonos, y la cuarta cierra la octava. Doce semitonos divididos por cuatro en partes iguales.

Esa regularidad tiene una consecuencia poco corriente: el acorde no tiene fundamental audible. En un acorde mayor el oído sabe de inmediato qué nota va abajo; aquí no hay indicio alguno, porque cada una de las cuatro notas tiene exactamente el mismo entorno que las otras tres. Si se invierte, suena idéntico: toda inversión vuelve a ser una séptima disminuida.

De ahí se sigue también que solo existen tres séptimas disminuidas distintas. Todas las demás son inversiones o relecturas enarmónicas. Tres acordes cubren por tanto las doce notas, y cada nota aparece en exactamente uno de ellos: un sistema notablemente económico.

La séptima disminuida divide la octava en cuatro partes igualesLa séptima disminuida divide la octava en cuatro partes igualesdoladomi♭sol♭Exactamente tres semitonos entre dos notas contiguas cualesquiera. Ninguna nota destaca frente a las demás.

Por qué puede continuar en cuatro direcciones

Como ninguna nota está fijada como fundamental, cualquiera de las cuatro puede leerse como sensible, y una sensible quiere subir un semitono. El acorde do–mi♭–sol♭–la resuelve por tanto en re bemol mayor si se toma do como sensible; en mi mayor si mi bemol se lee como re sostenido; en sol mayor a través de sol bemol como fa sostenido; y en si bemol mayor a través de la. Cuatro tonalidades, un solo sonido, ni una nota cambiada.

La condición es la relectura enarmónica: el mismo sonido se escribe de otro modo, y la escritura determina hacia dónde tira. Por eso las séptimas disminuidas aparecen a menudo en las partituras con alteraciones que a primera vista resultan extrañas: la notación anticipa la resolución.

En la práctica eso convierte al acorde en el puente de modulación más rápido que conoce la armonía. Encaja en cualquier tonalidad y conduce desde ella a cualquier otra. Los compositores del siglo XIX lo emplearon tanto que acabó teniendo fama de gastado; en Liszt y en el acompañamiento operístico aparece en cada giro dramático.

Un sonido, cuatro destinosUn sonido, cuatro destinosDo°7do mi♭ sol♭ la→ Re♭por do→ Mipor re♯→ Solpor fa♯→ Si♭por laEl acorde no cambia; solo la lectura de una nota como sensible decide el destino.

De dónde procede

Históricamente el acorde surge de la escala menor armónica. Si en la menor se construye sobre el séptimo grado, sol♯, un acorde de cuatro notas por terceras, resulta sol♯–si–re–fa: una séptima disminuida. No es por tanto una invención, sino un subproducto de la sensible prestada, un grado que en el menor natural ni siquiera existe.

En esa función se le llama dominante sin fundamental. El acorde de séptima de dominante mi7 en la menor es mi–sol♯–si–re; si se quita el mi y se añade un fa arriba, queda la séptima disminuida. Cumple por tanto la misma tarea que la dominante, solo que sin la fundamental estabilizadora, y por eso resulta más apremiante e inquieto.

Conviene separar dos acordes vecinos que se confunden con facilidad. La semidisminuida (si–re–fa–la) lleva arriba una séptima menor en lugar de disminuida y no es simétrica; aparece en modo mayor sobre el séptimo grado y suena bastante más suave. El acorde disminuido (si–re–fa) es solo la base sin la séptima. Simétrica, y por tanto ambigua, lo es únicamente la séptima disminuida completa.

Otra peculiaridad de la simetría es que el acorde se transporta en sí mismo. Si se sube do–mi♭–sol♭–la tres semitonos aparece mi♭–sol♭–la–do: las mismas cuatro notas en otro orden. En el mástil y en el teclado eso significa que una postura aprendida recorre todo el instrumento de tres en tres dando siempre el mismo sonido, de modo que solo hay tres formas que aprender.

Esa simetría explica también por qué el acorde es tan frecuente en la música de cine. Un sonido sin fundamental no da al oído dónde agarrarse, y un oído sin agarre permanece a la espera. Para mantener una escena en suspenso hace falta exactamente eso: tensión que se niega a decidirse.

En la práctica

En el instrumento basta una postura y tres posiciones para todas las séptimas disminuidas. En la guitarra se desplaza la misma forma de tres en tres trastes y se obtiene el mismo sonido en otro registro; tras cuatro desplazamientos se está una octava más arriba y con las mismas notas. En el piano ocurre igual con la mano: la forma se mantiene y viaja de tres en tres.

Un ejemplo de dominio público en el que estudiar el efecto está a mano: en muchos estudios de Burgmüller del op. 100 aparece una séptima disminuida justo antes del final, y en un solo compás se oye cómo prepara la conclusión. Aísla el pasaje y tócalo sin ese acorde y notarás al instante lo que falta.

Un ejercicio de improvisación que da resultados enseguida: toca una progresión cualquiera e inserta antes de cada acorde de destino una séptima disminuida cuya nota más grave quede un semitono por debajo de la fundamental del destino. El efecto es una tensión perceptible, y la regla es lo bastante simple como para aplicarla en cinco minutos.

Errores frecuentes

Usarlo demasiado. El acorde es un efecto, y los efectos se gastan. Dos séptimas disminuidas en una pieza de ocho compases son un giro; seis son arbitrariedad. Precisamente porque encaja en cualquier dirección, deja de decir algo concreto si aparece continuamente.

Escribirlo a capricho. Poner sol♭ o fa♯ no cambia nada en el sonido y lo cambia todo en la legibilidad. La nota se escribe según resuelve: fa♯ si va a sol, sol♭ si va a fa. Ignorarlo produce partituras que se pueden tocar pero no entender.

Confundirlo con un acorde menor. Acorde disminuido, séptima semidisminuida y séptima disminuida completa se meten en el mismo saco con frecuencia. El rasgo distintivo es la tercera superior: si de la fundamental a la séptima hay nueve semitonos, es completa y simétrica; si hay diez, es semidisminuida y tiene una fundamental inequívoca.

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