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Mayor y menor son una sola nota: la tercera como interruptor

Entre lo radiante y lo triste hay un semitono en una voz interna. Cómo la tercera conmuta el carácter de un acorde, qué significa físicamente y cómo usan los compositores ese interruptor.

Maik Krohm

La diferencia más pequeña posible

Un acorde de do mayor está formado por do, mi y sol. Un acorde de do menor está formado por do, mi bemol y sol. Dos de las tres notas son idénticas; la tercera está desplazada un semitono. Es la diferencia más pequeña que el sistema permite, y decide si un sonido se percibe como radiante o como ensombrecido.

Lo notable es esa desproporción entre causa y efecto. Se puede reducir a la mitad el volumen de una obra, cambiar el tempo, sustituir la instrumentación: el efecto sigue siendo menor que el de una sola voz interna desplazada. Por eso la tercera es la nota más discutida de la armonía occidental.

La diferencia se puede nombrar físicamente, pero no explicar del todo. La tercera mayor tiene la proporción 5:4 y aparece como quinto parcial en la serie armónica de cualquier nota; el acorde mayor está por tanto ya latente dentro de cada sonido aislado. La tercera menor, 6:5, no aparece en la serie en un lugar comparable. En ese sentido el mayor es el fenómeno más natural, lo cual no explica por qué oímos el menor como triste. Las culturas que no conocen esa asociación tampoco la oyen.

Do mayor y do menor se distinguen en una notaDo mayor y do menor se distinguen en una notadomisolmi♭Oro: las notas comunes do y sol. Verde: la tercera mayor mi. Azul: la tercera menor mi bemol.

Cómo usan los compositores el interruptor

El uso más llamativo es la tercera de Picardía: una obra en modo menor que termina en un acorde mayor. El acorde final de un movimiento en la menor no es entonces la–do–mi, sino la–do♯–mi. Del siglo XVI al XVIII eso fue la regla y no la excepción: un final en menor se consideraba inacabado. Bach cierra así numerosos corales, y el efecto es un aclaramiento súbito en el último momento que funciona también con oyentes que no saben nada de terceras.

El movimiento inverso, pasar de mayor a menor sobre el mismo grado, se llama variante. Schubert es su usuario más célebre: en muchos de sus lieder una frase bascula de mayor a menor a mitad de camino sin que la melodía cambie de dirección. La armonía se ensombrece bajo un canto invariable, que es musicalmente lo que el texto suele describir en esos pasajes.

Un tercer uso es el cambio de tercera como recurso de modulación. Como el acorde mayor y el menor sobre el mismo grado comparten dos notas, se puede pasar de uno a otro sin ruptura. Desde ahí uno está en otra tonalidad aunque solo se haya movido una nota. El Albumblatt de Grieg vive de esta técnica, y se distingue en pocos compases.

Mayor y menor: solo cambia el tercer gradoMayor y menor: solo cambia el tercer gradodo1re1mi/mi♭1fa1solLa tercera casilla lleva las dos opciones; todo lo demás no cambiaFundamental, segunda, cuarta y quinta son idénticas en mayor y en menor.

La tercera en la armonización: dónde va

En la escritura a cuatro voces la tercera es la nota más sensible, y de la acústica se derivan dos reglas prácticas. Primera: la tercera no se duplica. Duplicarla hace que el color resalte en exceso y, en temperamento igual, duplica también esos 14 cents de desviación. Se duplica la fundamental o, en último caso, la quinta.

Segunda: la tercera queda mejor arriba que abajo. Un acorde mayor con la tercera en el bajo —la primera inversión— suena flotante y ligero, porque una tercera mayor sobre el bajo constituye un cimiento débil. Para un acorde final firme se usa por tanto el estado fundamental.

Y tercera, para vientos y cantantes: en entonación justa la tercera mayor queda 14 cents por debajo del valor del piano y la tercera menor 16 cents por encima. Tocar la tercera de un acorde en un conjunto significa afinarla de oído en lugar de seguir la pantalla. Cuando desaparecen los batidos, está bien, y la aguja entonces sencillamente no está en cero.

Desde la práctica

El ejercicio más rápido necesita un instrumento y treinta segundos: una canción conocida, tocada en mayor y después con la tercera rebajada. Una canción infantil en menor es un pequeño susto y provoca risas casi siempre, pero ese momento se queda. Después, cada niño sabe qué nota es el interruptor.

Para guitarristas resulta aún más concreto. Un acorde de mi mayor al aire se convierte en mi menor levantando un solo dedo: el de la tercera cuerda, primer traste. Un dedo, un semitono, cambio completo de ánimo; no se puede hacer más visible esta relación. Lo mismo funciona con la mayor y la menor.

Como ejemplo de dominio público sirve la «Antigua canción francesa» de Chaikovski, del Álbum de la juventud op. 39: una melodía sencilla de ocho compases en sol menor cuyo efecto descansa casi por completo en la tercera menor. Toca la misma melodía con si natural en lugar de si bemol y cada nota sigue en su sitio, mientras la pieza pierde todo aquello por lo que se toca.

Un malentendido frecuente: «el menor es triste» es una regla aproximada, no una regla. Muchísima música de danza está en modo menor, de la tarantela al klezmer, y nadie la oye como triste. Lo que el menor hace realmente es aumentar la tensión de un sonido y mantener abierta su resolución. Lo que salga de ahí lo deciden el tempo, el ritmo y el contexto.

Oír la tercera en el espectro de armónicos

Que la tercera mayor esté ya contenida en cada nota se puede comprobar en el instrumento. El quinto parcial de un fundamental es la tercera mayor, dos octavas por encima. En la guitarra se alcanza como armónico justo por encima del cuarto traste, un punto que deliberadamente no queda exactamente sobre la barra, porque la tercera pura no encaja en la rejilla del temperamento igual.

De ahí se deriva un argumento que aclara las cosas con regularidad en los ensayos. Cuando un conjunto toca una tercera mayor pura, esta queda 14 cents por debajo del valor del piano. La tercera no suena entonces baja, sino sin batidos, y el control no es el afinador, sino la desaparición del pulso dentro del acorde.

Con la tercera menor ocurre lo contrario: pura, queda 16 cents por encima del valor del piano. Un acorde menor entonado puro por una sección de viento suena por eso más alto en la voz intermedia que en un teclado. Quien oye ambas cosas a la vez está oyendo exactamente el compromiso que un teclado se ve obligado a asumir.

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