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El desplazamiento en el mástil y por qué las figuras fallan ahí

Cinco cuerdas de la guitarra distan una cuarta; un par, solo una tercera mayor. Esa única excepción entre la tercera y la segunda desplaza toda figura un traste y explica el error más frecuente al aprender el mástil.

Maik Krohm

Una excepción entre seis cuerdas

La afinación estándar de la guitarra es mi–la–re–sol–si–mi. Entre los cuatro primeros pares de cuerdas hay una cuarta justa, cinco semitonos: mi a la, la a re, re a sol. Entre sol y si, en cambio, hay solo una tercera mayor, cuatro semitonos. Entre si y mi vuelve a haber una cuarta.

Esa única excepción es la causa de casi todos los problemas de orientación en el mástil. Cualquier figura que cruce de la tercera cuerda a la segunda debe corregirse ahí un traste hacia arriba. Quien no lo sabe pisa sistemáticamente un semitono bajo, y oye el error sin poder explicarlo.

¿Por qué esa excepción? Porque resuelve un compromiso. Las cuartas seguidas serían más lógicas, pero harían intocables los acordes mayores corrientes en primera posición: las posturas al aire de mi mayor y do mayor dependen justamente de ese hueco reducido. La guitarra sacrifica la sistemática a la comodidad de la mano, a diferencia del bajo, que al quedarse en cuatro cuerdas conserva cuartas seguidas.

Los intervalos entre las cuerdas al aireLos intervalos entre las cuerdas al airemisisolrelaMI12345milaresolsimi55545El número en el traste es la distancia en semitonos a la cuerda de abajo. Solo de sol a si son cuatro y no cinco.

Dónde golpea el desplazamiento

De la forma más evidente, al afinar de oído. El método habitual es comparar el traste cinco de una cuerda con la siguiente al aire: traste cinco de mi da la, traste cinco de la da re, traste cinco de re da sol. En la cuerda sol, sin embargo, es el traste cuatro el que da si. Después se sigue con el cinco. Casi todo principiante se equivoca aquí una vez, y el resultado es una guitarra con las cuerdas agudas un semitono fuera de sitio.

En segundo lugar, con las octavas. En los pares mi–re y la–sol la octava queda dos cuerdas más allá y dos trastes más arriba, una figura que se graba enseguida. En cuanto participan la segunda o la primera cuerda, son tres trastes. El mismo semitono, visible en otro lugar.

En tercer lugar, con las figuras de escala y de pentatónica. Cualquier figura aprendida en las cuerdas graves se puede subir una cuerda sin cambios, hasta llegar a la segunda. Allí todo lo que esté en si y mi debe subir un traste. Ese es exactamente el punto en el que quien aprende dice que la figura «de repente ya no funciona».

La misma octava, dos figuras distintasLa misma octava, dos figuras distintasmisisolrelaMI12345solsolsolsolDe la sexta a la cuarta cuerda la octava está dos trastes más arriba. De la tercera a la primera, tres: ese es el desplazamiento.

Tres maneras de convivir con ello

La primera es memorizar la corrección: «a partir de la segunda cuerda, un traste más arriba». Funciona y es la entrada más rápida, pero no ayuda a entender. Para los primeros meses sigue siendo el camino correcto; la explicación llega después por sí sola.

La segunda es orientarse por octavas en lugar de por figuras. Quien sabe que el traste siete de la quinta cuerda es un mi encuentra ese mismo mi en otros tres sitios sin necesidad de figura alguna. El ejercicio: nombrar una nota y buscarla en las seis cuerdas sin contar. Cinco minutos al día durante dos semanas y el mástil se convierte en un mapa en lugar de un catálogo de formas.

La tercera vía es cambiar la afinación. En la llamada afinación por cuartas (mi–la–re–sol–do–fa) todas las cuerdas distan una cuarta y toda figura es desplazable sin excepción. Los guitarristas de jazz la usan. El precio es alto: dejan de servir todos los acordes al aire y todo el repertorio impreso. Para la mayoría no es un buen canje, pero demuestra que la excepción es una decisión y no una ley natural.

Desde la práctica

El ejercicio que hace visible la relación más deprisa dura tres minutos. El alumno toca en la sexta cuerda las notas mi, fa, sol, la, del primer al quinto traste. Después la misma sucesión, pero cada nota en una cuerda distinta, hasta donde se pueda. Al pasar a la segunda cuerda el dedo se queda automáticamente un traste bajo y la nota equivocada se oye. Ese es el momento de explicar la tercera, no antes.

Después, una hoja de papel sirve más que cualquier aplicación: una cuadrícula vacía de mástil, seis líneas, doce trastes, y el encargo de marcar todos los sitios donde hay un do. Quien lo ha hecho una vez ha entendido el desplazamiento de forma duradera, porque se ha hecho visible en su propio dibujo.

Para la relación con la partitura vale la pena una obra de dominio público que cruce a propósito todas las cuerdas: los estudios de Fernando Sor alternan con regularidad entre la tercera y la segunda cuerda y obligan a cambios de posición limpios en lugar de pensar por figuras. Leídos en notación y no en tablatura, el problema desaparece del todo, porque la notación no conoce cuerdas, solo alturas.

Errores frecuentes

Aprender figuras sin nombres de notas. Quien solo guarda formas está ciego en el mástil en cuanto la forma no encaja. Toda figura debería recorrerse al menos una vez diciendo los nombres: despacio, en voz alta y sin tocar.

Tomar la tablatura como sustituto. La tablatura muestra trastes, no notas, y oculta justamente la estructura de la que aquí se trata. Es práctica para copiar algo deprisa e inútil para comprenderlo.

Olvidar la excepción del traste cuatro al afinar de oído. Es el caso clásico: todo suena coherente consigo mismo, pero las dos cuerdas agudas quedan juntas un semitono fuera. Solo se hace evidente junto a un segundo instrumento. La comprobación es sencilla: un afinador, o comparar la segunda cuerda al aire con el traste cuatro de la tercera.

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